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El cerro Puñay es considerado uno de los lugares enigmáticos del cantón Chunchi, provincia de Chimborazo. 

 

Su forma piramidal ha levantado la curiosidad de las personas que llegan hasta el lugar, ya que se asemeja a una guacamaya (el ave mitológica de la civilización Cañari) en alto relieve.

 

Con un área aproximada a los 440 metros, el lugar constituye la pirámide escalonada más larga del mundo.

 

Está ubicada a 3.245 metros de altura. Debido al clima frío de la zona, los pobladores mencionan que para ingresar es necesario usar ropa abrigada y llevar panela, para evitar los efectos de la altura.

 

Varias leyendas han surgido alrededor de este monte. Una de ellas involucraría el inicio de la civilización Cañari.

 

Según el mito, dos hermanos que vivían en el lugar se salvaron del diluvio al llegar hasta la cima del Puñay. Allí fueron rescatados por dos guacamayas con rostros de mujer, para posteriormente casarse con ellas y luego poblar el territorio.

 

A solo 17 kilómetros de la comunidad Santa Rosa (Chunchi), se encuentra el ingreso hasta el cerro.

 

En este lugar guías nativos que han sido capacitados por el Ministerio de Turismo explican a los turistas y visitantes, los cuidados que deben mantener al realizar el recorrido hasta la cima, cuyo trayecto dura dos horas y media.

 

Para muchos el “sacrificio de caminar” por los senderos señalizados, vale la pena y son recompensados con los hermosos paisajes que ofrece la montaña.

 

“Observar algo que fue creado hace tanto tiempo como las pirámides, me hace sentir tan minúsculo en comparación con la naturaleza. Los paisajes son bellos. En algunas ocasiones parecería como que el cielo se une con la tierra. Es realmente espectacular”, señaló José Chimbo turista quiteño.

 

Guías del lugar indican que en la antigüedad este cerro era utilizado por centros religiosos para efectuar ceremonias en la cultura Cañari, quienes al parecer fueron los constructores de la pirámide.

 

En la actualidad también es visitada para efectuar los mismos rituales pero esta vez por yachas (curanderos), o creyentes de la Pacha Mama.

 

A más de ser un sitio natural importante para los habitantes de Chunchi, este lugar ha sido implementado para el turismo comunitario, algo que ha generado empleo en el cantón.

 

Fredy Ortiz, director de la Unidad de Turismo de Chunchi, indicó que tanto hoteles como restaurantes están bien equipados para recibir a los visitantes nacionales y extranjeros.

 

“Es un lugar maravilloso. Los que hemos tenido la oportunidad de llegar a la cima podemos decir que se pueden ver, incluso, zonas costeras”, comentó el funcionario.

 

Asimismo, explicó que el contacto con la naturaleza es lo que buscan las personas y el cerro Puñay les ofrece de todo.

 

“Atractivos arquitectónicos como la pirámide, caminatas bajo el sol y la importancia de poder escalar a un lugar que tiene historia es algo inolvidable”, agregó Ortiz.

 

Según las estadísticas de la entidad de turismo, hasta el cerro Puñay han llegado más de 600 personas en el último semestre.

 

Ortiz expresó que seguirán trabajando con proyectos turísticos, ya que generan las mayores fuentes de empleo para el cantón.