| Incendio acaba con 106 casas en Guayaquil |
| Viernes, 20 de Noviembre de 2009 04:59 |
![]() El desolador escenario daba una idea cabal de la magnitud del incendio. Fierros retorcidos, una que otra pared de bloques de cemento en pie y escombros de maderos aún humeantes era todo lo que se contemplaba luego de haber sido sofocado el fuego, que se originó a las 00:30 de ayer y consumió más de cien casas, la mayoría construidas a base de caña guadua y zinc, en la populosa cooperativa Esmeraldas Chiquita, al sur de la ciudad. La presencia de un gran número de militares, el sobrevuelo perturbador de un helicóptero y el pandemónium que allí se vivía, daban el aspecto de que el área había sido blanco de un bombardeo. Los hundimientos en la tierra, unos más profundos que otros, provocados por las explosiones de los cilindros de gas de uso doméstico, reforzaban la impresión de un evento bélico en la zona. Diez horas después de haberse registrado el siniestro, decenas de perjudicados, entre adultos y niños, competían con las palas de las retroexcavadoras municipales por recoger, entre los escombros, la chatarra a la que fueron reducidos sus enseres.
Otros, como la pareja conformada por Franklin Huacón Vargas, de 46 años, y María Maenza Andrade, de 49, se limitaban a observar y, desde una esquina, recibir cualquier donación o inscribir repetidamente sus nombres en los listados que los funcionarios de varias entidades elaboraban. Algunos, al parecer, en busca de protagonismo, tratando de demostrar a la gente necesitada, y a las cámaras que deambulaban, quiénes brindaban más ayuda. Sin embargo, eso no le importaba a Franklin, a su esposa ni a su hija de 14 años. Apoyado en sus muletas que lo acompañan desde la niñez, cuando lo afectó la polio, narró que se percató a tiempo del fuego que comenzó justo en la vivienda situada atrás de la suya. No se explica de dónde ni cómo sacó fuerzas, lo único que sabe es que logró levantar a su esposa de la cama, colocarla en su silla de ruedas y junto con su hija, que dormía en el cuarto contiguo, salir apresuradamente. Su esposa, quien perdió la pierna derecha, producto de la diabetes que la aqueja desde hace 5 años, con ojos desorientados permanece ensimismada, tal vez recordando los momentos infernales que vivió horas atrás. Las conjeturas sobre lo que habría originado el dantesco incendio no se hicieron esperar y más de un damnificado dio su versión. Las presuntas causas van desde que algún insensato sujeto decidió soldar, a esa hora de la noche, hasta otra que indica que unos imprudentes fabricaban camaretas. Lo cierto es que algo provocó que ardiera la madera de una casa y que en cuestión de minutos, con la ayuda del fuerte viento proveniente del estero, se contaminaran las otras endebles viviendas.Fuente El Telegrafo Articulos recientes:
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