Colombia prepara un plan para recluir en altamar a algunos de sus delincuentes más peligrosos. El presidente Abelardo de la Espriella pidió avanzar con el proyecto durante un consejo de seguridad y encargó su desarrollo a la Armada Nacional.
La iniciativa parte de un problema concreto: cabecillas que siguen delinquiendo desde prisión mediante teléfonos y redes externas.
¿Cómo funcionarían las cárceles en altamar?
El proyecto recibió el nombre de Reclusión Especial Marítima de Alta Seguridad (Remas).
La primera fase plantea adecuar un buque en tres meses para recibir a cabecillas del crimen organizado. El propósito central será cortar sus comunicaciones con las estructuras que operan fuera de prisión.
La Armada colombiana dispone de cuatro fragatas que podrían evaluarse para este propósito, según información divulgada por Noticias Caracol.
Por ahora, el Gobierno no ha precisado capacidad, ubicación, costos ni régimen definitivo de reclusión.
¿Quiénes podrían terminar en los buques cárcel?
Entre los nombres que aparecen bajo análisis está Ober Ricardo Martínez, alias ‘Negro Ober’, señalado como cabecilla criminal y conocido por realizar amenazas y extorsiones desde prisión.
La propuesta apunta precisamente a presos de alta peligrosidad que mantienen capacidad de mando desde las cárceles.
No es la primera vez: Colombia ya encerró capos en barcos
La idea tiene antecedentes.
En 2007, durante el Gobierno de Álvaro Uribe, el narcotraficante Diego Montoya, alias ‘Don Diego’, fue recluido en una embarcación de la Armada en el Pacífico ante sospechas de que había sobornado a funcionarios para obtener beneficios. Después fue extraditado a Estados Unidos.
Ese mismo año, el exjefe paramilitar Carlos Mario Jiménez, alias ‘Macaco’, también fue trasladado a una fragata antes de su extradición.
Buques primero; megacárceles después
Los barcos forman parte de una política penitenciaria más amplia.
Durante la campaña, De la Espriella prometió construir 10 megacárceles para delincuentes de alta peligrosidad. Sin embargo, ese proyecto todavía no registra avances similares a los del plan marítimo.
El Gobierno también ejecuta traslados de presos entre centros penitenciarios para reducir su control sobre estructuras criminales.
La apuesta es clara: si las paredes de una cárcel no consiguen cortar las órdenes de los capos, Colombia quiere poner kilómetros de mar entre ellos y sus organizaciones.


