El municipio ha impulsado la creación de 250 comités comunitarios de gestión de riesgos en parroquias urbanas y rurales del cantón.
diez años del terremoto de magnitud 7.8 que golpeó la costa ecuatoriana durante el Terremoto de Ecuador de 2016, Guayaquil consolida una estrategia preventiva basada en la organización comunitaria y la evaluación técnica constante. Esta tragedia, que dejó centenares de víctimas y graves daños en infraestructura, marcó un antes y un después en la gestión de riesgos en el país. Desde entonces, las autoridades locales han reforzado sus políticas con un enfoque claro: anticiparse a los desastres.
En ese contexto, la empresa pública Segura EP lidera un modelo integral de preparación ante eventos sísmicos. La iniciativa prioriza la capacitación ciudadana, la ejecución de simulacros y la inspección permanente de edificaciones. Este enfoque busca reducir vulnerabilidades y mejorar la capacidad de respuesta tanto institucional como comunitaria.
Además, el fortalecimiento de la cultura preventiva ha tomado un papel protagónico. Las autoridades coinciden en que la preparación no debe limitarse a las instituciones de respuesta, sino que debe involucrar activamente a la ciudadanía. Por ello, se han implementado programas sostenidos que abarcan desde la formación básica hasta ejercicios de evacuación masiva.
Organización comunitaria: la base de la prevención
Uno de los pilares fundamentales de esta estrategia es la conformación de redes comunitarias organizadas. Actualmente, el municipio ha impulsado la creación de 250 comités comunitarios de gestión de riesgos en parroquias urbanas y rurales del cantón. Estas organizaciones cumplen un rol clave en la primera respuesta ante emergencias.
Los integrantes de estos comités reciben formación en primeros auxilios, evacuación, prevención de incendios y manejo de comunicaciones en situaciones críticas. Asimismo, cuentan con equipamiento básico que incluye chalecos identificativos, megáfonos, extintores, camillas rígidas y sistemas de alarma comunitaria.
Este trabajo territorial permite reducir los tiempos de reacción frente a eventos adversos. Además, fortalece la coordinación entre vecinos, lo que resulta determinante en los primeros minutos posteriores a un sismo. La experiencia internacional demuestra que las comunidades organizadas logran salvar más vidas en escenarios de desastre.
En paralelo, las autoridades han promovido la inclusión de niños y adolescentes en estos procesos. Esto responde a una visión de largo plazo que busca consolidar una cultura de prevención desde edades tempranas.
Formación desde la infancia y cultura preventiva
En esa línea, se han conformado 20 grupos de Pioneros Comunitarios integrados por aproximadamente 450 niños y niñas. Estos grupos reciben capacitación en gestión de riesgos y participan en la elaboración de planes familiares de emergencia.
El objetivo de esta iniciativa es generar conciencia en los hogares a través de los más jóvenes. De hecho, los niños se convierten en agentes multiplicadores de información preventiva dentro de sus familias y comunidades. Este enfoque ha sido respaldado por organismos internacionales como la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, que promueve la educación temprana en gestión de riesgos.
Además, la participación infantil fortalece el sentido de corresponsabilidad ciudadana. A medida que los menores adquieren conocimientos sobre cómo actuar ante un sismo, también contribuyen a que sus familias adopten medidas de prevención.
Simulacros masivos ponen a prueba la capacidad de respuesta
Otro componente clave de la estrategia es la realización de simulacros a gran escala. En 2025, el Simulacro Cantonal de Guayaquil convocó a 154.800 personas de 795 instituciones, consolidándose como uno de los ejercicios más importantes del país en materia de gestión de riesgos.
Durante estas jornadas se evalúan distintos escenarios, como evacuaciones masivas, rescates en estructuras colapsadas y emergencias en sistemas de transporte como la Aerovía de Guayaquil. Estos ejercicios permiten medir tiempos de respuesta y detectar posibles fallas en los protocolos.
Asimismo, los simulacros fortalecen la coordinación interinstitucional. Entidades de primera respuesta, como el Cuerpo de Bomberos de Guayaquil y la Policía Nacional del Ecuador, participan activamente en estas actividades.
Inspecciones estructurales: clave para reducir riesgos
En paralelo a la capacitación y los simulacros, el componente técnico se centra en la evaluación de la infraestructura urbana. Desde 2023, se han realizado 316 inspecciones estructurales en distintos sectores de la ciudad, identificando cerca de 160 predios con signos de deterioro.
Uno de los casos más emblemáticos fue el del Edificio Fantasía, cuya condición de alto riesgo llevó a ejecutar una demolición controlada. Este tipo de intervenciones busca prevenir colapsos que podrían causar pérdidas humanas en caso de un sismo.
Además, el plan municipal contempla la inspección visual de 2.357 estructuras consideradas estratégicas. Entre ellas se incluyen hospitales, escuelas, edificios gubernamentales, estadios y hoteles.
Según el Municipio de Guayaquil, cuando se identifican vulnerabilidades sísmicas, se impulsan estudios técnicos más profundos. Posteriormente, se definen acciones de reforzamiento o rehabilitación estructural, según corresponda.
Una ciudad que aprende de su historia
A una década del terremoto de 2016, Guayaquil ha transformado la experiencia en una oportunidad para fortalecer su resiliencia. La combinación de capacitación, simulacros e inspecciones técnicas evidencia un enfoque integral que busca proteger a la población.
Asimismo, la articulación entre instituciones y ciudadanía se ha consolidado como un factor determinante. La participación activa de la comunidad garantiza una respuesta más rápida y efectiva en situaciones de emergencia.
Según las autoridades de Guayaquil . La lección que dejó el terremoto de 2016 permanece vigente y la prevención salva vidas, además la preparación marca la diferencia frente a lo inevitable.


