Resolver tareas, corregir textos o aclarar dudas son algunas de las actividades para las que miles de estudiantes recurren a plataformas de IA generativa. El desafío ya no consiste en impedir su uso, sino en enseñar a utilizarla de forma crítica y responsable.
Un informe de Pearson, basado en la opinión de más de 1.000 docentes de colegios, institutos y universidades de distintos países, advierte que el verdadero riesgo no es la tecnología, sino la falsa sensación de aprendizaje que puede generar cuando sustituye el razonamiento del estudiante.
La IA en la vida académica
El estudio muestra que la adopción de estas herramientas avanza con rapidez.
Entre los principales hallazgos destacan:
- 64 % de los estudiantes utiliza inteligencia artificial para actividades académicas.
- 80 % la usa al menos una vez por semana.
- 60 % la emplea para aclarar dudas.
- 51 % la utiliza para corregir o editar textos.
- 48 % la usa directamente para resolver tareas escolares.
La «ilusión de aprendizaje», el riesgo
Pearson identifica un fenómeno que denomina «ilusión de aprendizaje».
Se produce cuando el estudiante logra entregar una tarea gracias a la inteligencia artificial, pero sin comprender realmente los contenidos ni desarrollar competencias esenciales.
Según el informe, completar una actividad no siempre significa aprender. Cuando la IA reemplaza el análisis, la memoria o la resolución de problemas, pueden aparecer vacíos importantes en conocimientos fundamentales y pensamiento crítico.
Prohibir la IA no es la solución
El estudio concluye que intentar bloquear o detectar automáticamente el uso de inteligencia artificial resulta poco efectivo e incluso puede deteriorar la confianza entre docentes y estudiantes. Propone
- Elaborar instrucciones o prompts efectivos.
- Verificar la información generada.
- Detectar errores o «alucinaciones» de la IA.
- Contrastar respuestas entre diferentes modelos.
- Mantener el pensamiento crítico durante todo el proceso.
Cuatro tipos de docentes frente a la inteligencia artificial
El informe también identifica cómo reaccionan los profesores ante esta transformación tecnológica. Actualmente conviven cuatro perfiles:
- Tradicionalistas: rechazan completamente la IA por considerarla una amenaza para el aprendizaje.
- Escépticos protectores: reconocen su utilidad, pero temen que afecte la autonomía y el razonamiento de los estudiantes.
- Exploradores cautelosos: experimentan con estas herramientas, aunque mantienen reservas.
- Innovadores proactivos: integran la IA en clases y evaluaciones, priorizando el proceso de aprendizaje por encima del resultado final.
La mayoría de instituciones aún no tiene reglas claras
Mientras el uso de la inteligencia artificial crece, muchas instituciones educativas todavía no cuentan con normas para regularla. El informe revela que:
- Solo 54 % de las escuelas dispone de políticas formales sobre IA.
- En las universidades, la cifra alcanza el 60 %.
Esto significa que cerca de la mitad de los centros educativos aún carece de lineamientos para orientar el uso de estas herramientas.


