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Si Se Puede Ecuador > Noticias > Nacionales > El exceso de agua, una amenaza que los cacaoteros buscan contener para proteger las plantaciones
Nacionales

El exceso de agua, una amenaza que los cacaoteros buscan contener para proteger las plantaciones

Redacción
Redacción Published septiembre 11, 2026
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En las zonas agrícolas donde las lluvias pueden alterar los ciclos de producción hay incertidumbre por la llegada del fenómeno de El Niño. En Los Ríos, una de las principales provincias cacaoteras del país, la preparación comenzó. Los productores —al igual que en otros cultivos— están adecuando drenajes y realizando podas para reducir el impacto que podrían tener las precipitaciones sobre las plantaciones.

Contents
Prepararse antes de que llegue el inviernoUna cadena que también depende de la cosecha

Las áreas de las provincias de Los Ríos, Guayas, El Oro, Manabí y Esmeraldas están dentro de los 3,1 millones de hectáreas de cultivo en susceptibilidad alta y media, lo que implica un impacto directo en la seguridad alimentaria y las exportaciones.

Según el Plan de Acción Nacional ante el Fenómeno de El Niño, en la Costa, la inundación de los cultivos de exportación concentra el impacto económico nacional del evento.

La Chontilla, un recinto ubicado a unos 35 minutos del centro de Babahoyo (Los Ríos), mantiene un poco de agua en el suelo mientras los productores observan las plantas cargadas de mazorcas de cacao.

La escena tiene un lado positivo: por ahora, la humedad permite reducir el uso de riego y el gasto en combustible. Pero también es una señal de alerta ante la llegada del evento climático. Si las precipitaciones se intensifican, el agua podría quedarse en los terrenos, afectar la floración de la mata de cacao, favorecer enfermedades y reducir los rendimientos agrícolas.

Hasta 2023, según el boletín situacional del Ministerio de Agricultura, esta provincia concentró 111.887 hectáreas de superficie cosechada de cacao, por encima de Manabí y Esmeraldas.

Por eso, una de las primeras medidas que recomiendan técnicos y productores es preparar los drenajes antes de que llegue el periodo más lluvioso y pueda este escenario representar pérdidas. Álex Leyton, productor de la parroquia Febres-Cordero, señala que abrir zanjas en los puntos donde suele acumularse el agua y conducirla hacia zonas de desfogue es la medida que se empezó a implementar en las fincas.

Zonas de secado se han implementado en casas de recintos en Los Ríos. Foto: Francisco Verni Peralta

La acumulación de agua producto de las lluvias representa un riesgo elevado en suelos pesados con contenidos de arcilla superiores al 70 % u 80 %. En esas condiciones, las raíces pueden deteriorarse, la planta deja de absorber nutrientes y se pierden flores y “chereles”, como se conoce a las mazorcas de cacao recién formadas.

En condiciones normales, el suelo debería mantener entre 60 % y 70 % de humedad. Cuando alcanza niveles cercanos al 100 %, las raíces pueden comenzar a podrirse. Si una plantación permanece anegada durante más de tres o cuatro días, la afectación puede llegar a tal punto que las plantas mueren y deben ser extraídas.

“Si hay sobresaturación de agua en el suelo, la planta tiende a estresarse y eso es algo que puede pasar con el fenómeno de El Niño”, explica Leyton.

Y asegura que una planta que normalmente puede producir entre 30 y 40 frutos puede terminar dando apenas dos, tres o cuatro cuando entra en estrés.

Ese impacto también se refleja en los quintales. Una plantación con un rendimiento habitual de 30 quintales por hectárea podría caer a entre 10 y 15 quintales si las condiciones adversas se mantienen, dice un productor de la zona de Febres-Cordero.

El cultivo tiene dos picos principales: uno entre agosto y septiembre, que puede extenderse hasta octubre, y otro entre marzo y abril. Precisamente, el segundo periodo genera preocupación por el anuncio del evento climático.

La cosecha invernal depende del desarrollo de las plantas durante los meses previos. Si las lluvias persisten hacia finales de año, el exceso de agua puede incrementar las enfermedades y afectar la floración que dará paso a la producción de marzo y abril, explican los cacaoteros.

Prepararse antes de que llegue el invierno

En las plantaciones pequeñas, la prevención no necesariamente implica una gran inversión. Las zanjas pueden hacerse manualmente con una pala, aprovechando el conocimiento que tiene cada productor sobre los puntos donde se forman los charcos, mencionan los mismos productores.

También dicen que existen máquinas utilizadas en las bananeras que pueden alquilarse para realizar estos trabajos.

La otra tarea es la poda y limpieza de las plantas. En época lluviosa aumentan las condiciones favorables para enfermedades como la moniliasis y la mazorca negra.

En La Chontilla, Teófilo Briones conoce el comportamiento de la zona. Allí las crecientes de los ríos pueden elevar rápidamente el nivel del agua, aunque el problema cambia según la ubicación de cada finca.

El río San Antonio, que se conecta con el San Pablo y otros afluentes hasta desembocar en el Babahoyo, es uno de los cuerpos de agua que generan preocupación. En algunas zonas las crecientes duran horas; en otras, especialmente en terrenos bajos, el desalojo puede tardar días.

Entre los sectores con mayor exposición están zonas de las parroquias Febres-Cordero, Caracol, Babahoyo y Pimocha. En Febres-Cordero se incluyen varios recintos, como San Vicente, Bañón, Cuatro Esquinas, La Unión Bolivariense, La Teresa y La Corona. También se identifican sectores de El Salto y Caracol.

Una cadena que también depende de la cosecha

El impacto de las lluvias no terminaría en las plantaciones. El cacao sostiene una cadena de trabajo que incluye cosecha, poda, limpieza, fumigación, secado y procesamiento.

En una finca de 20 hectáreas se requieren entre 10 y 15 personas para la cosecha. Las podas pueden involucrar cuadrillas de unas 10 personas y realizarse dos veces al año. También se contrata personal para limpiar las plantas, retirar musgos y maleza y aplicar productos.

El cacao en baba, semiseco y seco se recibe en las instalaciones de Babahoyo Export, empresa que compra el grano a productores de Los Ríos. Foto: Francisco Verni Peralta

Buena parte de esas labores son realizadas por mujeres de la zona, especialmente en la cosecha y limpieza de las plantas. Cuando disminuye la producción, también se reduce la necesidad de mano de obra y el productor debe ajustar sus costos.

El proceso continúa después de recoger las mazorcas. El cacao debe fermentarse y posteriormente secarse. Cuando las lluvias impiden utilizar el sol, los productores recurren a ventiladores y gas para completar el secado, lo que incrementa los costos.

En las exportadoras, mientras tanto, el grano pasa por controles de calidad. Se revisa la humedad, el aspecto y el estado de la almendra. Los granos afectados por hongos o que no cumplen con las condiciones requeridas pueden ser rechazados.

Alrededor de 2.000 productores, en su mayoría de Los Ríos y también de Guayas, están vinculados a la producción que llega a Babahoyo Export. La empresa señala que la merma podría llegar alrededor de un 15 % si se mantienen condiciones atípicas en el campo, debido principalmente a una mayor presencia de monilla en los granos, una afectación que puede empeorar por las condiciones de humedad y temperatura asociadas al fenómeno de El Niño.

Cuando el cacao presenta este tipo de daños, pierde calidad y puede dejar de cumplir con los estándares exigidos para la exportación, por lo que los granos defectuosos son rechazados.

Para los productores, la preocupación está en evitar que una temporada que comenzó con buenas perspectivas termine afectando la siguiente cosecha. Hasta el 7 de septiembre, el quintal (100 libras) se cotizaba entre $ 200 y $ 230 en las exportadoras que adquieren el grano seco, semiseco o en baba.

“El cacao necesita sol, menos agua. Si tenemos más agua, más se daña”, resume Briones.

Por ahora, las lluvias incluso les han permitido postergar el riego y ahorrar un porcentaje del costo en combustible, pero la incertidumbre crece con el anuncio de un fenómeno de El Niño intenso.

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