El próximo 28 de mayo, el Jardín Botánico de Quito marcará el inicio de su vigésimo aniversario con la presentación de un nuevo descubrimiento científico de Anthurium. Se trata de una especie de planta epífita, endémica, y, por lo tanto, única en el mundo. Descubierta en los bosques nublados de la Reserva Mashpi en el noroccidente de Pichincha, llevará el nombre de “Anthurium roquesevillae” en homenaje a Roque Sevilla, fundador del Jardín Botánico de Quito y presidente de Grupo Futuro, reconociendo su legado visionario en la conservación de la naturaleza y el desarrollo sostenible en Ecuador.
Este hallazgo representa un hito para la ciencia y la biodiversidad del país, debido a que se encuentra en el sotobosque húmedo y sombreado de un sector específico de la Reserva Mashpi, entre los 850 y 900 metros de altitud. No ha sido registrada en ningún otro lugar del planeta, lo que sugiere que podría tratarse de una especie microendémica, con una distribución extremadamente restringida.
El descubrimiento reafirma el rol clave que tienen las más de 3.000 hectáreas de Mashpi en la conservación de especies desconocidas para la ciencia y posiciona al noroccidente de Quito como un punto caliente de biodiversidad a nivel global.
El acto conmemorativo se desarrollará en la Rotonda del Jardín Botánico y reunirá a personalidades clave del ámbito ambiental, científico y académico, así como representantes de ONG ambientales nacionales e internacionales, directores de la Fundación Botánica de los Andes, miembros de universidades y centros de investigación.
Esta ceremonia dará inicio a una agenda de encuentros especiales en conmemoración de los 20 años del Jardín Botánico de Quito, un espacio que, desde su apertura en 2005, se ha consolidado como un referente regional en conservación, investigación científica y educación ambiental. Actualmente, alberga más de 18.000 ejemplares de plantas, muchas de ellas amenazadas o en peligro de extinción, asimismo, ha sido escenario de numerosos proyectos científicos orientados a la preservación de la flora andina.
Con más de dos millones de visitantes a lo largo de estas dos décadas, el Jardín ha funcionado como un verdadero laboratorio viviente, donde se estudian especies nativas y endémicas; hoy en día se proyecta hacia el futuro con una visión renovada, fortaleciendo su rol como punto de encuentro entre la naturaleza, el conocimiento y la ciudadanía.


