Una avalancha de hielo y rocas desató una de las peores tragedias recientes en el Himalaya. El desprendimiento provocó una violenta riada que arrasó comunidades, carreteras, puentes y proyectos energéticos en Nepal y la región china del Tíbet.
Los balances de víctimas han cambiado rápidamente durante este jueves 27 de agosto. Reuters reportó que el número de fallecidos en Nepal ya ascendía a 292, mientras que China confirmó tres muertes en el condado tibetano de Gyirong. Más de 1.300 personas permanecían desaparecidas entre ambos territorios.
Entre quienes no han podido ser localizados también figuran cientos de extranjeros, muchos de ellos turistas y peregrinos que recorrían una transitada ruta entre Katmandú y Lhasa.
Helicópteros y equipos de emergencia recorren las zonas afectadas para buscar sobrevivientes y entregar alimentos, medicinas y otros suministros a comunidades que quedaron aisladas por la destrucción de las vías.
No se trató de un terremoto
Las primeras informaciones apuntaron a un posible terremoto como detonante del desastre. Sin embargo, el Servicio Geológico de Estados Unidos, USGS, determinó posteriormente que la señal sísmica detectada correspondía al propio colapso de hielo y roca y al posterior flujo de escombros.
El desprendimiento generó un efecto en cadena. La avalancha cayó sobre el sistema fluvial, acumuló grandes cantidades de sedimentos y liberó posteriormente una poderosa corriente de agua, barro y piedras.
Las autoridades mantienen además la vigilancia sobre un lago represado de forma natural en Gyirong, debido al riesgo de que una ruptura genere una nueva inundación mientras continúan las operaciones de rescate.


