Guayaquil no puede acostumbrarse al deterioro. Durante décadas, determinados sectores residenciales fueron símbolos de una ciudad ordenada, funcional y con una calidad urbana que la diferenciaba. Urdesa, Los Ceibos, Kennedy, Alborada y tantos otros sectores fueron concebidos como espacios para vivir, movilizarse y desarrollar una vida comunitaria. Hoy, muchos de ellos muestran una realidad preocupante.
No hablamos de un problema aislado ni de una calle que necesita una reparación puntual. Hablamos de una pérdida progresiva de calidad urbana que se evidencia en calles deterioradas, huecos, aceras en mal estado, iluminación insuficiente, señalización deficiente, tráfico desordenado y una infraestructura que, en numerosos sectores, parece no haber acompañado el crecimiento de la ciudad.
Recorrer Urdesa permite observar una contradicción difícil de ignorar. Un sector que durante años fue uno de los referentes residenciales de Guayaquil presenta hoy calles deterioradas, superficies irregulares y una infraestructura vial que en determinados puntos resulta claramente insuficiente para las necesidades actuales. Las calles fueron diseñadas para una ciudad con otra cantidad de habitantes, otro volumen de vehículos y otra dinámica comercial. Pero Guayaquil cambió. Lo que no parece haber cambiado al mismo ritmo es la infraestructura.
El caso de Los Ceibos es igualmente ilustrativo. Un sector residencial importante de Guayaquil parece vivir permanentemente condicionado por problemas de circulación: accesos limitados, calles que soportan más tráfico del que fueron diseñadas para recibir, intersecciones conflictivas y una estructura vial que dificulta la movilidad cotidiana. El problema no es solamente el tiempo perdido dentro de un automóvil. Es la calidad de vida. Cuando salir de una urbanización, llegar a una avenida principal, cruzar una intersección o regresar a casa se convierte diariamente en una prueba de paciencia, estamos frente a un problema de planificación urbana.
Por otra parte, los semáforos deberían ordenar la ciudad, sin embargo, cuando su sincronización, ubicación o funcionamiento no responden adecuadamente al comportamiento real del tráfico, terminan convirtiéndose en parte del problema. Guayaquil necesita mucho más que semáforos funcionando, necesita un sistema integral de movilidad. Eso significa analizar los flujos vehiculares, modificar sentidos de circulación cuando sea necesario, establecer corredores eficientes, mejorar la señalización, ordenar el estacionamiento, proteger al peatón y utilizar tecnología para gestionar el tráfico en tiempo real. No podemos seguir administrando una ciudad del siglo XXI con soluciones pensadas para una ciudad del siglo XX.
Además, existe otro problema que no puede ser ignorado: la condición de nuestros espacios públicos. Calles sucias, aceras deterioradas, bordillos descuidados, iluminación deficiente y áreas que pierden progresivamente su calidad terminan generando una percepción de abandono. Y el abandono urbano tiene consecuencias. Cuando una ciudad deja deteriorar sus espacios públicos, los ciudadanos dejan también de sentirlos como propios.
La preocupación ciudadana va más allá de un hueco, un semáforo o una calle deteriorada. El estado actual de la ciudad genera muchas preguntas: ¿cuál es el proyecto de Guayaquil para los próximos 20 o 30 años?, ¿dónde están los grandes corredores de movilidad?, ¿dónde está la planificación para descongestionar los sectores residenciales?, ¿qué se está haciendo para recuperar integralmente los barrios tradicionales?, etc.
Esta denuncia no pretende desconocer las obras que se han realizado ni convertir el debate urbano en una confrontación política. Pretende algo más sencillo y, al mismo tiempo, más importante: que los ciudadanos podamos saber hacia dónde va Guayaquil.
Guayaquil tiene condiciones extraordinarias para ser una de las grandes ciudades de América Latina. Tiene ubicación estratégica, actividad económica, universidades, empresas, talento humano y una ciudadanía acostumbrada a trabajar y progresar.
Guayaquil necesita una nueva visión. Una visión que piense en la movilidad, vivienda, seguridad urbana, áreas verdes, limpieza, iluminación, espacio público, infraestructura y crecimiento económico como partes de un mismo proyecto.


