La parroquia de El Quinche está situada al este de la ciudad de Quito, en Ecuador. Es famosa por la peregrinación mariana que, año tras año, se realiza a su santuario.
La palabra Quinche tiene origen en la lengua Maya Cakchiquel, cuyo significado se compone de dos vocablos, Quin que significa Sol y Chi que significa Monte. Por tanto, apoyados en los aportes etimológicos de Manuel Moreno Mora, Quinche significa Monte del Sol.
Su característica más importante es la imagen de madera de la Virgen del Quinche, tallada a finales del siglo XVI por el artista y arquitecto Diego de Robles.
La segunda semana de noviembre más de 800.000 creyentes realizan la peregrinación al santuario de la Virgen de El Quinche que parte desde el pueblo de Calderón con destino a El Quinche; la caminata se la realiza durante la noche, y se llega al amanecer del siguiente día a la iglesia de El Quinche. El 21 de noviembre se celebra la misa de fiesta para luego terminar con la procesión por todas las calles del Quinche .
El Santuario, pese a los sismos, se mantiene conservado. Los cuerpos de la torre se refuerzan en sus esquinas con elementos de piedra, en la planta baja y de ladrillo en los cuerpos superiores. La iglesia es obra del padre Bruning, construida desde 1913 hasta 1924. En 1904 el hermano Jacinto Pankiani de la orden de Don Bosco, realiza los planos básicos, tomando como modelo la Basílica de Santa María, la Mayor de Roma.
La iglesia se desarrolla desde el parque principal a través de un gran atrio que conduce a un frontispicio de dos cuerpos, con dos torres laterales de tres cuerpos, rematadas con tambores ochabados cubiertos por cúpula de nervadura.
La planta se desarrolla en tres naves de grandes dimensiones: la nave central cubierta por bóveda de cañón corrido, las naves laterales cubiertas por cúpulas, dado, tambor y cúpula en el crucero. La bema del altamar mayor se desarrolla a un nivel más alto que la nave central del crucero.
El Santuario actual es de cal y ladrillo la capacidad total del Santuario para peregrinos de pie: 3.556 personas y para sentados 966 personas, tiene un área construida total en planta de 2.049 m2.
Los fieles también le agradecen haber conseguido, presuntamente, buenos trabajos, mejoras en los negocios y hasta haber encontrado la pareja ideal.
Con el aporte de las limosnas de los peregrinos y devotos de la Santísima Virgen de El Quinche se ha logrado ampliarlo mucho más: la Sacristía nueva tiene 200 m2. El acceso lateral al Campo Mariano tiene 1200 m2 y cubierto en piedra con los paredones ornamentales.
Coronación Canónica
Por la devoción de raigambre popular a tan bendita imagen hizo su primera visita a Quito en 1632 y el Cabildo de Quito la declaró Patrona y protectora de la ciudad.
En 1822 fue aclamada como protectora de la Independencia ecuatoriana; ello hizo que el clamor popular pidiera a la Iglesia ecuatoriana la Coronación Canónica a la Sagrada Imagen acontecimiento que se realizo el 20 de junio de 1943 de manos de Mons. Carlos María de la Torre, Arzobispo de Quito, delegado del Papa Pío XII.
Peregrinación al Santuario de la Virgen del Quinche
Cada mes de noviembre miles de devotos de la Virgen de El Quinche, emprenden una caminata hasta el Santuario, ubicado a 60 kilómetros de Quito, para «agradecerle o pedir un favor especial».
Las caminatas se realizan desde hace más de 400 años, cuando la Virgen fue trasladada desde Oyacachi a El Quinche, se le atribuyen una infinidad de milagros y favores que se retratan en algunos lienzos y placas que los devotos cuelgan en una pared de la iglesia.
Leyendas
La Virgen del Quinche de Oyacachi
Cuenta la leyenda que en el momento más crítico, los oyacachenses se vieron en la urgencia de buscar algún lugar que los mantenga a salvo de los temibles osos, protección que encontraron en una caverna de formación natural. Un día, de manera casual y misteriosa pasó por ahí una hermosa mujer de rasgos extranjeros, tez blanca y largos cabellos, con un niño en brazos.
Ella les consoló y explicó que podía librarles de la letal plaga, pero con una sola condición: que se convirtieran a la religión católica y se hicieran evangelizar por el sacerdote de la población más cercana. Lo extraño no fue solo la súbita aparición de esta mujer o sus exóticos rasgos sino también su manera de desaparecer. Era la hora en que se ocultaba el sol, ella se marchó inmediatamente después de hablar con los aterrados indígenas y de haber hecho su propuesta, sin aceptar la invitación para pernoctar en el lugar e insistiendo en que tenía que llegar esa misma noche a El Quinche.
Todos sabían que eso era imposible, ya que incluso de día era difícil una travesía de varias horas de intenso y cenagoso camino. Empero, la misteriosa mujer se fue y volvió en dos ocasiones más, procediendo todas las veces de la misma forma, es decir, dejando una sensación de paz, denotando optimismo al ofrecer una solución para el problema y marchándose decididamente, siempre a la hora del ocaso. Debía ser algo divino.
Ante la desesperante situación y en vista de que la forma en que aparecía y desaparecía aquella mujer era muy desconcertante aunque soberbia, los oyacachenses decidieron probar fortuna, pues no tenían nada que perder. Se hicieron evangelizar y construyeron un pequeño altar en la cueva del refugio, lo cual se dice que ciertamente ahuyentó a los osos. Ahora solo les faltaba una imagen católica, que buscaban con vehemencia, a la cual venerar y que adornara el altar. Es entonces cuando Diego de Robles se entera y decide viajar con su obra hacia el agreste pueblo. Corría el año de 1590.
Cuenta el relato que los indígenas de Oyacachi se quedaron estupefactos al ver la escultura de Robles, porque decían que era la misma extraña señora que se les apareció con un niño en brazos en tres ocasiones; entonces no dudaron en adquirirla. Pagaron al hábil artesano con tablas de cedro, que era lo único interesante que podían ofrecer, ya que esta madera abunda en el sector; de hecho, este enclave en particular, de los varios que ha tenido Oyacachi, tenía el sobrenombre de Cedropamba (llanura de cedro en quichua). Al tratarse de madera de gran calidad, el escultor quedó conforme. Una vez hecho el trato, los recientemente convertidos pusieron a la Virgen en la rústica capilla improvisada en la cueva; de aquí la denominación que tiene hasta la actualidad para muchos: » La Virgen de la Peña».
Se cuenta que luego de erradicada la terminada plaga, el primer milagro fue concedido al propio Diego de Robles, quien tiempo después de haber negociado la imagen, volvió a Oyacachi para reabastecerse de la buena madera del lugar. Aprovechando su presencia, los oyacachenses le pidieron que hiciera un nicho para que descansara la divina imagen en una humilde capilla que habían construido. Sin embargo, Robles se negó y agarró camino hacia Quito; cuando pasaba el puente sobre el río Cariaco, corcoveó botándole hacia las profundidades. Es entonces cuando Robles invoca a la Virgen de Oyacachi, quedando sorpresivamente suspendido en la rama de un árbol. Su fortuna se completaba con el paso de tres caminantes que lo ayudaron a salir del atolladero y lo llevaron nuevamente hacia el devoto pueblo. Luego, al igual que la misteriosa señora, desaparecieron sin dejar rastro alguno. En agradecimiento Robles volvió con todo lo necesario y construyó el anhelado nicho. A partir de estos hechos, la fama de la Virgen no tardó en difundirse; sus milagros además seguían multiplicándose, por lo cual no demoró en llegar una ola de peregrinos desde cercanos y lejanos sectores.


