Este año, unos 14 millones de latinoamericanos y caribeños buscaron mejor suerte en otros países. Al menos 85 mil ecuatorianos trataron de llegar a EE.UU.
BOGOTÁ. La migración sigue siendo una lacerante herida en muchos países de América Latina, donde este año 14 millones de personas han visto cómo sus sueños se estrellaban contra un muro de discriminación, marginalidad y, en algunos casos, incluso la muerte de quienes en medio de la desesperación se lanzaron a la aventura de buscar un futuro más prometedor. Su destino preferido, Estados Unidos, pero también buscaron estabilidad en naciones como Brasil o Chile.
Por desgracia, esta realidad no es ajena a Ecuador, cuyos habitantes se convirtieron en 2021 en protagonistas del fenómeno de la migración, impulsados por la pobreza derivada de los problemas económicos estructurales del país y la crisis generada por la pandemia.
Los 85 mil restantes intentaron llegar a territorio estadounidense. Pero 43 mil (50,5%) de ellos habían pasado por los centros de procesamiento migratorio estadounidenses tras ser atrapados en el intento de cruce de la frontera entre México y EE.UU. A ellos se suman los 35 fallecidos en el intento y los 17 ecuatorianos reportados como desaparecidos (hasta octubre) durante la travesía.
Debido a esto, México restableció el requisito de obtención de visa para que los ecuatorianos viajen a ese país desde el 4 de septiembre. Y Guatemala hizo lo propio desde el 20 de septiembre.
A pesar de esto, el flujo migratorio no se detuvo, sino que se reacomodó. Hoy se conoce de la inusual presencia de ecuatorianos en Nicaragua, probablemente la nueva vía de entrada a Centroamérica de camino a Estados Unidos.
La región
Aunque el flujo migratorio en América, uno de los más grandes del mundo, se remonta a hace seis décadas y ha supuesto hasta ahora la movilización de unos 40 millones de personas, ha sido más recientemente cuando el fenómeno se ha transformado en una realidad masiva y mediática, pasando a ocupar un lugar en la agenda política, económica y social de la región.
“En los últimos años la migración en América ha empezado a dejar de ser invisible para convertirse en un escenario similar al que tienen los migrantes africanos o sirios en Europa”, explica a Efe Germán Casas, presidente de Médicos Sin Fronteras (MSF) para América Latina.
Sin embargo, las diferencias con esas zonas del planeta son abismales, porque en África y Oriente Medio, los migrantes salen de países de ingresos bajos y llegan a otros de rentas altas, en Europa. Por el contrario, en América Latina el viaje consiste en transitar de un escenario de pobreza a otro más o menos similar, porque solo unos pocos logran llegar a Estados Unidos o Canadá.
Casas, que conoce de cerca el problema que viven las comunidades en Haití, Honduras, México y Colombia, asegura que “Latinoamérica se ha convertido en un inmenso corredor lleno de migrantes cuyo común denominador es que huyen de la violencia”.
Aquí los migrantes escapan de las amenazas de la guerrilla o los paramilitares en Colombia, de la delincuencia común en Venezuela, de las pandillas en Centroamérica o del narcotráfico en México, pero también dejan atrás su país para escapar de un enemigo en común: la miseria.
Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en el mundo hay actualmente 281 millones de migrantes internacionales, lo que equivale al 3,6% de la población. De esos, 59 millones (21% del total) están en América del Norte y 14,8 millones (5%) en América Latina y el Caribe


