Cuando uno piensa en Santa Elena, lo primero que viene a la mente son sus playas, el malecón y la brisa marina. Pero en el corazón de la ciudad se esconde un rincón diferente, un espacio que no tiene olas ni arena, pero sí panorámicas que te dejan sin aliento: el Cerro El Tablazo.
Este cerro, símbolo natural y cultural de la provincia, se levanta como un mirador privilegiado que permite contemplar la península entera. Desde lo alto se pueden observar los tres cantones Santa Elena, La Libertad y Salinas conectados entre sí, bañados por la inmensidad del océano Pacífico. Es un lugar que combina naturaleza, recreación, historia y espiritualidad, convirtiéndose en parada obligatoria para quienes desean conocer un rostro distinto de la costa ecuatoriana.
La experiencia comienza desde la subida. Poco a poco, el visitante va dejando atrás las calles urbanas para internarse en un camino que lleva directo al corazón del cerro. Una vez en la cima, el mirador del Tablazo se abre como un balcón natural. La vista es amplia y despejada: hacia el oeste, el mar refleja la luz del sol; hacia el este, la ciudad se extiende con sus barrios y avenidas; y en el horizonte, las playas de Salinas y La Libertad se dibujan con nitidez.
No es casualidad que el Tablazo forme parte del escudo provincial de Santa Elena: es un emblema, un punto de referencia que representa la identidad de toda la península.
El Tablazo no es solo un mirador, es también un parque recreativo. Entre sus instalaciones se encuentran:
- Senderos empedrados para caminatas tranquilas.
- Áreas verdes ideales para descansar bajo la sombra.
- Explanadas abiertas donde las familias suelen volar cometas.
- Máquinas de ejercicio y juegos infantiles, que convierten el paseo en una experiencia para grandes y chicos.
- Cancha de césped sintético, donde los jóvenes se reúnen a jugar.
- Una fuente de agua iluminada, que al caer la noche se enciende con luces de colores y llena el lugar de magia.
La combinación de naturaleza y urbanismo hace que el Tablazo sea uno de los sitios más visitados por locales y turistas que buscan actividades al aire libre.
En lo alto del cerro se encuentra la Iglesia Santa Cruz, un templo que se ha convertido en punto de peregrinación y símbolo de fe para los habitantes de Santa Elena. La cruz que corona el cerro no solo guía a los creyentes, sino que también es visible desde distintos puntos de la ciudad, recordando que el Tablazo es parte viva de la historia y la cultura peninsular.
Más allá de su valor turístico y religioso, el Tablazo tiene también un papel histórico y científico. Los geólogos lo identifican como parte de la Formación Tablazo, una estructura del Pleistoceno medio que guarda fósiles de animales prehistóricos como el Smilodon fatalis (tigre dientes de sable), el Notiomastodon platensis (un pariente del mastodonte) y enormes tortugas terrestres. Estos hallazgos lo convierten en un tesoro para la paleontología de Ecuador.
Además, debido a su altura y localización, el Tablazo ha sido considerado un lugar estratégico en momentos de alerta de tsunami, sirviendo como refugio natural para las familias de la zona.
El Tablazo es mucho más que un cerro: es un punto de encuentro, un espacio donde naturaleza, ciencia, historia y fe se entrelazan. Quien sube a su mirador descubre otra cara de la península, una que no depende del mar, sino de las alturas y de la vista que se abre frente a los ojos.
Ya sea para un paseo familiar, una tarde de fotos o un momento de reflexión en soledad, El Tablazo siempre tiene algo que ofrecer. Y lo mejor: su acceso libre lo convierte en un regalo al alcance de todos.
Si visitas Santa Elena, no te vayas sin subir a este cerro. El Tablazo no solo te mostrará un paisaje inolvidable, sino que también te hará sentir parte de la península, como si la abrazaras desde las alturas.





