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Reading: Morocho de tiramisú, chocolate y dulce de leche: la apuesta de una familia por reinventar un sabor tradicional en Guayaquil
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Si Se Puede Ecuador > Emprendedores > Morocho de tiramisú, chocolate y dulce de leche: la apuesta de una familia por reinventar un sabor tradicional en Guayaquil
Emprendedores

Morocho de tiramisú, chocolate y dulce de leche: la apuesta de una familia por reinventar un sabor tradicional en Guayaquil

Redacción
Redacción Published septiembre 6, 2026
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“¿Qué pasaría si el tradicional morocho tuviera sabor a tiramisú? ¿O a dulce de leche y chocolate?” Esa fue la pregunta que llevó a Andrés Orellana y a su familia a experimentar con una preparación conocida por generaciones de ecuatorianos.

Contents
El rol de la familia en el negocioUn proceso de elaboración paciente

El resultado fue La Morocha, una cafetería ubicada en La Garzota, al lado de CNEL, en el norte de Guayaquil, que busca conservar la esencia de este producto mientras explora nuevas combinaciones.

La idea comenzó después de una feria en la que Andrés observó una extensa fila de personas esperando para comprar morocho. La escena despertó su curiosidad, aunque él tenía una particularidad: cuando consumía la preparación tradicional no siempre le sentaba bien.

Entonces decidió probar con una receta propia. “Comenzamos haciendo unas pruebas y mi esposa me dijo: ‘¿Por qué no hacemos esto un emprendimiento?’. Y dije: ‘¿Sabes qué? Sí’”, contó.

A partir de ahí comenzaron las pruebas en la cocina. La intención no era simplemente cambiar el sabor, sino conseguir que el producto conservara esa sensación característica del morocho.

Andrés explicó que buscaban un equilibrio para que cada variedad pudiera disfrutarse como una bebida caliente y cremosa, sin perder su identidad.

Sabores innovadores para el paladar guayaquileño

La propuesta actualmente reúne cuatro sabores: está el tradicional, pensado también para personas con alergias a ciertos ingredientes; el de dulce de leche, para quienes prefieren el sabor del manjar; el de tiramisú, que incorpora notas de café y una textura cremosa; y el de chocolate, una combinación que Andrés relacionó con los recuerdos del morocho preparado por las abuelas.

La reacción de los clientes se ha convertido en uno de los principales atractivos del negocio. Andrés contó que la primera impresión suele ser de sorpresa cuando anuncia las variedades.

“Muchas personas, lo primero que hacen es un gesto como extraño. No asimilan que hay un morocho de un nuevo sabor. Cuando lo prueban se encantan. Cada persona me dice: ‘Muy rico’, y eso llega al corazón”, relató.

El proyecto, sin embargo, no surgió únicamente de una oportunidad comercial. Detrás existe una herencia familiar con la cocina que Andrés ha cultivado desde pequeño. Su abuelo fue chef en barcos de pasajeros y llegó a preparar bufés para miembros de la realeza en España.

Sus tíos también fueron parte de ese aprendizaje y, con el paso de los años, Orellana convirtió la cocina en una actividad que disfruta especialmente cuando se reúne con sus seres queridos.

“Siempre mi abuelo cultivó que preparáramos algo y desde chiquito nos enseñaron el arte culinario”, explicó.

Esa experiencia también lo llevó a interesarse por el café. Después de un viaje quedó encantado con esta bebida y comenzó a aprender sobre barismo, conocimientos que ahora forman parte de la propuesta de la cafetería.

El rol de la familia en el negocio

Andrés Orellana junto a su madre Jenny Castillo. Foto: El Universo

La familia tiene un papel activo en el emprendimiento. Su esposa, Verónica Hurtado, está encargada de preparar las galletas, mientras sus hijas colaboran con las pruebas de productos y otras tareas.

Su madre, Jenny Castillo, también ayuda con la atención del local y se ha convertido en uno de los rostros reconocibles del negocio en redes sociales, donde algunos la identifican como “la mamá Morocha”.

La cafetería también ofrece galletas estilo Nueva York y café de la casa. La respuesta durante los primeros días sorprendió a sus propietarios. Orellana contó que una de las jornadas recientes terminó con las existencias agotadas.

Las redes sociales han contribuido a generar ese interés. Parte de la estrategia consiste en mostrar a personas probando los diferentes sabores, especialmente para romper con la idea de que el morocho solo puede consumirse de la manera tradicional.

Los videos han permitido que más personas conozcan la propuesta y que algunos visitantes lleguen al local después de verla en plataformas como TikTok.

Un proceso de elaboración paciente

La preparación puede extenderse hasta por seis horas. Foto: El Universo

La elaboración requiere paciencia. El proceso comienza durante la tarde y puede extenderse entre cuatro y seis horas. La preparación se realiza con anticipación para que el producto esté listo al día siguiente.

El objetivo es conseguir una textura cremosa y un dulzor equilibrado, que no resulte excesivo.

La jornada en el local comienza temprano. Desde las 09:00 reciben a los clientes, incluidos padres que llegan con sus hijos para llevar morocho en presentaciones de medio litro o un litro.

El emprendimiento funciona en un espacio que pertenecía a una de las hijas de Andrés y que terminó convirtiéndose en la cafetería sobre la que durante años habían conversado en familia.

Orellana nació en Santo Domingo de los Tsáchilas, pero llegó a Guayaquil cuando era pequeño y ha vivido prácticamente toda su vida en la ciudad.

Esa conexión con las costumbres gastronómicas también se ha transmitido a sus hijas, quienes han aprendido algunas de las recetas familiares y participan en las pruebas de nuevos productos.

Ahora, el objetivo es seguir creciendo sin alejarse de la idea que dio origen al negocio. La familia ya analiza incorporar sándwiches y continuar experimentando con nuevas preparaciones.

Para Andrés, la cocina siempre ha sido un espacio para descubrir sabores y compartirlos. La apuesta de La Morocha parte de un producto que muchos reconocen desde la infancia, pero busca presentarlo de una manera diferente.

El morocho de tiramisú, chocolate o dulce de leche puede parecer extraño a primera vista, pero precisamente esa sorpresa se ha convertido en parte de la experiencia

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