EFE
Carlos Sainz ganó ayer la décima etapa del Dakar y se aleja de sus rivales, Fernando Alonso tuvo un traspié al volcar su vehículo y, en motos, Joan Barreda se reivindicó al ganar la etapa, un triunfo que llevaba cuatro días acariciando.
Sainz salió a la antepenúltima etapa con solo 24 segundos de ventaja sobre sus rivales más directos y acabó el día con más de 18 minutos de renta, una diferencia que puede ser casi definitiva en un rally tremendamente igualado desde el inicio, aunque el piloto español se resiste a dar la carrera por sentenciada.
“Prudencia total. Esto demuestra que puede cambiar en cualquier momento”, dijo Sainz, que en los dos días anteriores había visto reducido a la mínima expresión un colchón de 10 minutos sobre Nasser Al Attiyah.
A falta de dos etapas para la meta final, Sainz parte en una posición muy favorable para sumar una estatuilla más del tuareg tras las conseguidas en 2010 y 2018. Lo hizo con una lección doble en el “Cuarto Vacío” de Arabia Saudí, un extenso desierto de 650.000 kilómetros cuadrados donde se desarrolló la etapa, entre Haradh y Shubaytah, en la que Sainz ganó a Al Attiyah en las dunas.
Primero fue la lección del piloto, que, bajo presión, llevó el buggy de Mini a fondo, como si de un rally de velocidad se tratase, y luego la del copiloto Lucas Cruz, cuya acertada lectura del “roadbook” (hoja de ruta) dio el golpe de efecto.
Sainz iba siguiendo las huellas de Peterhansel y Al Attiyah, que habían salido antes que él, pero estos se desviaron del rumbo y el madrileño no cayó en el mismo error, encontró la ruta correcta y con ese hábil movimiento dejó el rally muy inclinado a su favor.
El doble campeón del Dakar restó importancia al accidente que tuvo en la etapa Fernando Alonso (Toyota), cuyo coche volcó y dio dos vueltas de campana al atravesar una duna cuando solo había transcurrido un kilómetro del tramo cronometrado de la etapa.



