Hay ecuatorianos que cruzan fronteras con una maleta. Otros lo hacen con talento, disciplina y una bandera invisible pegada al pecho. Paul Fabara parece llevar las tres cosas: nació en Cuenca, creció en Quito y hoy ocupa uno de los cargos más importantes dentro de Visa, como líder global de Riesgos y Servicio al Cliente.
Su historia no es solo la de un ejecutivo exitoso. Es también la de un ecuatoriano que entendió que llegar lejos no significa olvidarse de dónde viene. Al contrario, cada paso lo ha dado con una idea muy clara: representar al país.
“Parte de mi corazón es cuencano, pero la otra parte es muy quiteña. Al final, muy orgulloso de ser ecuatoriano”, contó Fabara en diálogo con Metro, recordando sus raíces y el camino que empezó en Ecuador antes de proyectarse al mundo.
Una carrera construida con trabajo, visión y ñeque
La trayectoria de Paul Fabara parece sacada de esas historias que uno escucha y piensa: “sí se puede, pero hay que esforzarse”. Inició su carrera hace más de tres décadas en un pequeño banco llamado First National Bank. Luego trabajó en distintas entidades financieras en Estados Unidos, pasó cerca de diez años en Londres como jefe de operaciones globales de Barclays y más tarde llegó a Nueva York para asumir altos cargos en el área financiera.
Desde 2019 forma parte de Visa, donde lidera el área de riesgos y también las operaciones de servicio al cliente de la compañía. Es decir, está en una posición clave dentro de una empresa que mueve buena parte del sistema de pagos mundial. No es poca cosa. Es como ponerse la camiseta número 10, pero en la Champions League corporativa.
Pero lo que más emociona no es solo el cargo. Es la forma en la que lo asume.
Fabara recordó que Visa, en cerca de 60 años de historia, no había tenido un latino en su junta ejecutiva hasta su llegada. Y ese primer latino fue ecuatoriano. Antes también fue el primero en posiciones similares en Barclays y American Express, rompiendo techos históricos en instituciones globales.
“Represento a 18 millones de ecuatorianos”
Cuando habla de su cargo, Fabara no lo hace desde el ego. Lo hace desde la responsabilidad. Para él, cada reunión, cada decisión y cada espacio de liderazgo tiene un peso especial porque siente que no camina solo.
“Represento a 18 millones de ecuatorianos”, dijo con orgullo, dejando claro que su presencia en la élite empresarial mundial también es una forma de abrir camino para otros.
Esa frase pega distinto. Porque Ecuador, un país pequeño en mapa pero gigante en sueños, también necesita espejos como este: personas que demuestren que el talento nacional no tiene techo, que la bandera puede estar en una cancha, en una oficina, en una universidad, en una cocina, en una redacción o en una junta ejecutiva global.
Paul Fabara lo entiende como una misión. Incluso recordó que siempre piensa en las palabras de su madre, quien le marcó una idea sencilla pero poderosa: representar bien a su país.
Lágrimas de ecuatoriano tras ganarle a Alemania
La entrevista también tuvo fútbol. Y cuando hay fútbol y Ecuador de por medio, se sabe: el corazón se desordena bonito.
Fabara estuvo en el campo durante la histórica victoria de Ecuador ante Alemania y no escondió lo que sintió. Confesó que perdió la voz de tanto gritar y que se puso a llorar “como un niñito de tres años”. Un alto ejecutivo global, acostumbrado a decisiones enormes y escenarios de presión, terminó quebrado por la misma emoción que sintieron millones de ecuatorianos.
“Se me hacen agua los ojos solo de pensar en esto porque nadie nos daba ninguna oportunidad”, contó. Para él, ver a Ecuador competir de frente ante una potencia mundial fue una muestra de orgullo profundo, de esos momentos que unen al país y nos recuerdan que cuando gana La Tri, gana algo más que un equipo. Gana una forma de creer.
Visa, el Mundial y el idioma universal del fútbol
Como líder global de Visa, Fabara también explicó la relación de la marca con la FIFA y el Mundial. Para él, existe una conexión natural: el fútbol integra a personas de todas partes, y Visa busca hacer algo similar desde el sistema de pagos, conectando a consumidores, comercios e instituciones en el mundo.
La compañía opera en cerca de 200 países y proyecta procesar cifras gigantescas: alrededor de 15 trillones de dólares y cerca de 60 billones de transacciones. Pero más allá de los números, Fabara resume la idea con una imagen muy clara: el fútbol es el idioma universal. Donde sea que uno vaya, siempre aparece una pelota, una camiseta o una conversación sobre algún jugador.
Y ahí también hay algo muy ecuatoriano: entender que el fútbol no es solo deporte, sino identidad, encuentro, abrazo y memoria.
Seguridad, estafas y una advertencia para los hinchas
Fabara también habló de un tema clave durante eventos masivos como el Mundial: la seguridad. En especial, alertó sobre las estafas relacionadas con entradas falsas, páginas fraudulentas y supuestas ofertas demasiado buenas para ser verdad.
Su recomendación fue directa: verificar siempre con quién se está transaccionando, no entregar datos personales y cuidar documentos o credenciales físicas. En eventos como el Mundial o los Juegos Olímpicos, explicó, hay personas esperando aprovecharse de los aficionados.
Además, reveló que Visa ha invertido cerca de 12 billones de dólares en los últimos cinco años para proteger su red, además de unos 500 millones de dólares en productos de inteligencia artificial enfocados en seguridad.
La frase que usó para explicar la confianza del cliente fue poderosa: es como una cuenta bancaria donde la marca solo puede depositar confianza, nunca retirarla.
“Mi arma secreta es ser ecuatoriano”
En la parte más humana de la entrevista, Fabara dejó un mensaje para los ecuatorianos que sueñan, pero que muchas veces se sienten frenados por la realidad del país, la inseguridad o las dificultades del día a día.
Su respuesta fue profundamente patriótica: seguir adelante y sentirse orgullosos de ser ecuatorianos en cualquier parte del mundo.
“Mi arma secreta es ser ecuatoriano”, dijo. Para él, llevar esa identidad latina y ecuatoriana es una carta de presentación. Donde va, su primera frase es clara: “Soy ecuatoriano”. Luego viene todo lo demás.
Fabara reconoce que Ecuador atraviesa momentos difíciles, pero también ve un país de luchadores, con garra y con capacidad de progresar. Y ahí apareció una de esas frases que parecen salir de la casa, de los padres, de los abuelos, de la memoria popular ecuatoriana.
Antes de migrar a Estados Unidos a los 16 años, su padre le dejó un consejo que todavía lo acompaña: “Nunca te dejes pisar el poncho”.
Una frase sencilla, pero inmensa. Una forma muy ecuatoriana de decir: camina firme, no agaches la cabeza, no permitas que nadie apague tu valor.
Un ecuatoriano ejemplo
Paul Fabara no solo representa a Visa. Representa esa versión del Ecuador que trabaja en silencio, que migra, que aprende, que cae, que se levanta, que compite con gigantes y no se achica.
Su historia se conecta con la de La Tri, con la de millones de ecuatorianos dentro y fuera del país, con quienes buscan una oportunidad, con quienes sueñan con llegar lejos y con quienes necesitan recordar que el origen no es una limitación: puede ser una fuerza.
Por eso, cuando Fabara cerró la entrevista con un “que viva Ecuador”, no sonó como una frase protocolaria. Sonó como una declaración de vida.
Porque hay ecuatorianos que llevan el país en la camiseta. Otros lo llevan en el pasaporte. Y otros, como Paul Fabara, lo llevan en cada sala donde se toman decisiones globales.
Con orgullo, con lágrimas, con ñeque y con una frase que debería estar tatuada en la memoria nacional: nunca te dejes pisar el poncho.



