Fiona Cicconi, jefa de recursos humanos de Google, escribió hace unos días a los empleados de la compañía para anunciarles que se adelantaba su calendario para volver a la oficina.
A partir del 1 de septiembre, les dijo, aquellos que deseen trabajar desde casa durante más de 14 días tendrán que presentar una solicitud formal.
También se espera, añadió, que los empleados «vivan a una distancia que les permita desplazarse diariamente» a las oficinas. Así que nada de cócteles en la playa con una computadora portátil.
El mensaje quedó claro: puede haber más flexibilidad que antes, pero la mayoría de los trabajadores tendrán que ir a la oficina.
Esa idea parece ir en contra de gran parte de lo que escuchamos de los ejecutivos de Silicon Valley el año pasado, cuando defendieron las virtudes del trabajo remoto.


