Decidir entre una tarjeta de débito o crédito es una de las decisiones más importantes en la gestión financiera personal. Ambas ofrecen ventajas, pero su uso depende del tipo de gastos, la capacidad de pago y los objetivos económicos de cada persona.
En un contexto donde los medios de pago electrónicos se consolidan en Ecuador y América Latina, entender cómo funcionan estas herramientas resulta clave para evitar endeudamientos y mantener una economía doméstica equilibrada.
Diferencias esenciales entre débito y crédito
Para el economista Ricardo Menéndez, la principal diferencia entre ambas tarjetas radica en el origen del dinero utilizado. La tarjeta de débito permite realizar pagos o retiros directamente desde los fondos disponibles en la cuenta bancaria del titular. En cambio, la tarjeta de crédito funciona como una línea de financiamiento otorgada por una entidad bancaria, que deberá pagarse posteriormente, con o sin intereses.
Mientras el débito ayuda a controlar el gasto real y evitar deudas, el crédito ofrece mayor flexibilidad y respaldo en emergencias, aunque requiere disciplina para no generar intereses por mora, explica el economista.
“Se recomienda utilizar la tarjeta de crédito únicamente cuando se tenga la seguridad de poder cubrir el pago total al final del mes”, puntualiza.
Cuándo conviene usar una tarjeta de débito
El débito es la opción más recomendable para gastos cotidianos y compras planificadas. Al usar dinero propio, se reduce el riesgo de endeudamiento y se mantiene un control más preciso del presupuesto. Además, facilita el seguimiento de los movimientos financieros mediante los extractos bancarios.
Las entidades financieras destacan que la tarjeta de débito es ideal para personas que buscan mantener disciplina en sus finanzas, ya que solo permite gastar el dinero disponible. Sin embargo, su limitación es que no ofrece historial crediticio, por lo que no contribuye a mejorar el perfil financiero ante el sistema bancario.
Ventajas y precauciones del uso del crédito
Por su parte, la tarjeta de crédito puede ser una herramienta útil para realizar compras mayores o aprovechar promociones y programas de recompensas. También brinda beneficios adicionales como seguros, acumulación de puntos, millas o descuentos exclusivos, dependiendo del banco o emisor.
No obstante, su uso indebido puede generar problemas financieros. Los intereses por pagos mínimos o atrasados pueden elevar considerablemente la deuda. Por ello, Menéndez recomienda utilizar el crédito de manera estratégica: cubrir el total facturado cada mes, evitar retiros en efectivo y no sobrepasar el 30 % del límite disponible.
Factores para elegir la tarjeta adecuada
Seleccionar entre débito o crédito depende del perfil financiero y los hábitos de consumo de cada persona.
Quienes prefieren controlar su dinero en tiempo real y evitar endeudamientos suelen optar por el débito.
En cambio, quienes buscan flexibilidad de pago, construir historial crediticio o aprovechar beneficios bancarios pueden inclinarse por el crédito, siempre que mantengan un manejo responsable.
También es importante considerar las comisiones, tasas de interés, costos por mantenimiento y beneficios adicionales. Algunas entidades ofrecen planes combinados, donde ambas tarjetas se complementan según las necesidades del usuario.
Tendencias y educación financiera en América Latina
En los últimos años, el uso de tarjetas se ha expandido en la región. Según expertos en finanzas, más del 60 % de los adultos bancarizados utilizan tarjetas de débito para sus compras, mientras que el 35 % cuenta con una tarjeta de crédito activa. “La educación financiera es determinante para que los usuarios comprendan las implicaciones de cada método de pago y eviten sobreendeudarse”, manifiesta Menéndez.
Los bancos y cooperativas también promueven programas de alfabetización financiera para que los clientes aprendan a usar responsablemente los productos de crédito y a mantener una relación saludable con el sistema bancario.
Elegir con conocimiento y responsabilidad
La decisión entre usar débito o crédito debe basarse en un análisis de ingresos, gastos y metas personales.
Ambas tarjetas pueden ser aliadas para lograr estabilidad económica si se utilizan de forma consciente y planificada.
El uso responsable del crédito y el control del gasto con débito son prácticas que fortalecen la salud financiera y contribuyen al bienestar económico a largo plazo.


