No hay una persona detrás del mostrador. Tampoco una caja registradora ni alguien que reciba al cliente al entrar. En su lugar hay ramos de flores listos para llevar, precios visibles, códigos QR y un letrero con las indicaciones para completar la compra.
Quien llega a la floristería Cecy Rosas, ubicada en Casa del Río, en el sector Puertas del Sol, en Cuenca, puede recorrer el espacio, escoger el arreglo que prefiera y llevárselo por su cuenta. El pago se realiza mediante transferencia, código QR o en efectivo, a través de una caja dispuesta en el establecimiento.
La modalidad rompe con la experiencia habitual de comprar flores y, precisamente por eso, sorprende a quienes llegan al lugar. Patricia Zeas fue una de ellas. Ahora ya conoce el funcionamiento porque esta fue su segunda visita. “Me parece una excelente iniciativa”, comenta.
Lo que más destaca es la libertad para escoger el producto sin esperar a que alguien la atienda. “Uno va, coge el ramito que más le gusta, paga en línea y se va contento”, cuenta.
La primera vez que llegó no sabía que encontraría un local de estas características. Necesitaba conseguir con urgencia un ramo para realizar una entrega y buscaba una opción que no implicara entrar al centro de la ciudad por el tráfico.
La casualidad la llevó hasta Casa del Río. Se estacionó, vio las flores y decidió entrar. Su primera reacción fue buscar a alguien que pudiera atenderla. No encontró a nadie.
En el lugar vio un código QR y las instrucciones. Después de leerlas, comprendió que podía realizar la compra directamente. La situación terminó convirtiéndose en una anécdota que recuerda precisamente por lo inusual de la experiencia. “Entramos a ver quién nos atiende, llamábamos y solo vimos el código QR. Después leímos las instrucciones”, relata.
Para Zeas esa es una de las particularidades del establecimiento: llegar, encontrarse sola, escoger las flores y, aun así, salir con el ramo que necesitaba.
Una nueva forma de vender
Detrás de este modelo está Carmen Cecilia Rojas, propietaria de Ceci Rosas. La floristería principal funciona, de manera tradicional, en la avenida Roberto Crespo y 27 de Febrero.
La sucursal de Casa del Río nació inicialmente como una idea de sus hijos, quienes querían poner en marcha un segundo punto de venta.
Al principio, ellos se encargaban de atender el local. Sin embargo, los estudios redujeron el tiempo disponible y comenzaron a buscar una alternativa para mantener abiertas las ventas aun cuando no hubiera una persona en el establecimiento.
Fue entonces cuando los propios clientes ayudaron a encontrar una salida. Algunos llegaban cuando no había nadie para atenderlos y preguntaban cómo podían adquirir un ramo.
Rojas comenzó a indicarles que podían realizar una transferencia y enviar una fotografía para identificar la flor que habían escogido. La dinámica empezó a repetirse.
Los compradores consultaban el precio de determinado arreglo, efectuaban el pago y retiraban las flores. Con el tiempo, aquella solución improvisada se convirtió en la modalidad de autoservicio que hoy funciona en la sucursal.
Rojas cuenta que el modelo no nació como un plan definido desde el inicio. Fueron las necesidades de los clientes y la forma en que comenzaron a realizar sus compras las que, poco a poco, dieron forma a este sistema de venta.
La sucursal lleva alrededor de un año funcionando y desde hace unos seis meses opera bajo esta modalidad. Según la propietaria, los resultados han sido favorables y hasta ahora no han tenido inconvenientes importantes con el retiro de productos sin pago.
La seguridad del lugar también influye. El establecimiento cuenta con cámaras y está dentro de Casa del Río, donde existe vigilancia y hay otros negocios cercanos.
Rojas también mantiene un control de los productos que coloca en el espacio para saber cuáles se venden y cuáles permanecen allí. En el local suele dejar entre 20 y 25 ramos, además de flores sueltas que pueden adquirirse por unidad.
Entre quienes utilizan el sistema hay jóvenes y también extranjeros. Estos últimos representan, según la estimación de Rojas, cerca del 5 % de su clientela. En varios casos optan por cancelar en efectivo porque no tienen las aplicaciones utilizadas para realizar transferencias.
Para la propietaria, una de las principales ventajas es contar con un punto adicional de venta sin tener que mantener a una persona de manera permanente. Los arreglos se elaboran en su establecimiento principal y luego son trasladados hasta Casa del Río. “No es que los ramos se hacen solitos”, explica.
Detrás del autoservicio existe un trabajo que comienza en otro lugar: preparar los arreglos, trasladarlos y mantener abastecida la sucursal.
Rojas considera que este modelo podría funcionar en otros pequeños negocios, aunque dependerá del tipo de producto y de las condiciones de seguridad. A su criterio, no sería conveniente dejar sin supervisión artículos de alto valor, pero sí puede ser una alternativa para productos cuyo riesgo sea manejable.
De un carrito de flores a una floristería
Antes de tener dos puntos de venta, Rojas comenzó buscando una manera de generar sus propios ingresos. Sus primeros pasos fueron en la calle, donde vendía flores desde un carrito.
Con el tiempo, dejó esa modalidad y alquiló un espacio para establecerse. Más adelante, junto con sus hijos, surgió la idea de abrir una sucursal para que ellos pudieran atenderla. Sin embargo, los estudios y las actividades de la familia hicieron cada vez más difícil mantener una persona disponible durante toda la jornada.
Los clientes que llegaban en esos momentos terminaron impulsando una nueva alternativa. Así, una solución pensada inicialmente para resolver momentos puntuales terminó transformándose en una manera permanente de vender.
Ahora, los ramos preparados esperan a quienes llegan a Casa del Río. No hay un vendedor que los entregue ni una persona que los cobre. El cliente toma la decisión, realiza el pago y continúa su camino.
La floristería encontró así una forma distinta de permanecer abierta y, al mismo tiempo, convertir una necesidad cotidiana en una nueva manera de acercar las flores a sus compradores.




